El plan de Remolonas para rescatar alimentos y darles una segunda vida con la ayuda del Plan de Recuperación

29.04.2026
foto de grupo del equipo de Remolonas

Remolonas es una startup vallisoletana que hace algo tan sencillo, y tan raro, como devolver al plato lo que la cadena alimentaria decide tirar. Fundada por Carlos Pérez durante los meses de pandemia y consolidada hoy con un equipo que completan Pablo Enjuto, Eduardo Aparicio y Lorena Fernández, esta empresa compra excedentes y productos "imperfectos" de la agricultura y grandes marcas, y los envía a domicilio en forma de caja semanal de fruta, verdura y despensa, con un ahorro de hasta el 40 % frente al precio de supermercado.

Para pasar de idea a empresa necesitaron capital, y ahí entró la financiación pública. El 18 de junio de 2024, Remolonas obtuvo un préstamo participativo de 155.000 euros a través de la convocatoria PYME Agroalimentaria 2023 con AgroInnpulso, financiación gestionada por Enisa, impulsada por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación para pymes agroalimentarias de toda la cadena de valor, financiada con cargo al Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia y los fondos europeos NextGenerationEU.

El modelo funciona. Desde su nave en Valladolid, las cajas de Remolonas llegan semanalmente a las mesas de más de tres mil hogares de toda España, y la compañía prepara una nueva ronda de inversión con el objetivo de multiplicar por diez su volumen de negocio.

Rescatar lo que iba a la basura: en qué consiste Remolonas

Remolonas es, en esencia, un supermercado online de excedente alimentario. Compra a la producción local y a grandes marcas nacionales aquellos alimentos que, por razones estéticas, de calibre, de fecha corta o de sobreproducción no encuentran hueco en el lineal convencional, y los distribuye a domicilio mediante un modelo de suscripción.

La clientela elige entre dos tamaños de caja (de unos 7 u 11 kilos), decide si la recibe semanal o quincenalmente y puede añadir otros productos de despensa a la compra. La fruta y la verdura son siempre de temporada.

La propuesta tiene un componente pedagógico que su equipo fundador reivindica. "Se ha perdido el contacto con el alimento natural tal y cómo sale del campo”, resume Lorena Fernández, CMO de la compañía. Carlos Pérez lo remata: la filosofía de Remolonas "invita a dejar de comer ultraprocesados y dulces que tan mal hacen en la salud de la infancia y en el resto de la sociedad". No es un detalle menor: según el Estudio Aladino 2023 de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, el 36,1% de las y los menores españoles de entre 6 y 9 años tiene exceso de peso.

Del excedente a la mesa: el problema que Remolonas intenta resolver

El desperdicio alimentario en España no es un simple problema o inconveniente. Según la FAO, en el mundo se pierde o se desperdicia cerca del 30 % de los alimentos producidos. En España, solo en los hogares, se tiraron a la basura 1.183 millones de kilos de comida sin consumir en 2023, según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Y la cifra crece si se suman las pérdidas en producción, distribución y hostelería.

Al mismo tiempo, el sector agroalimentario es uno de los pilares de la economía española. Aporta el 2,3% del PIB, cerca del 24% de la facturación manufacturera del país (más de 168.000 millones de euros) y el 23,3% del empleo nacional. Es el cuarto mayor por facturación de la Unión Europea. Dicho de otro modo: hay músculo productivo de sobra, pero una parte se desangra antes de llegar al consumo final.

El modelo de Remolonas interviene justo en ese punto intermedio: ni en el campo, ni en el carrito, sino en la tierra de nadie donde los productos "imperfectos" se quedaban sin destino. La empresa paga un precio justo al agricultor o agricultora, vende con descuento a la clientela final y se queda con el margen logístico. Cuadran las cuentas y, de paso, sale menos comida de la cadena.

La financiación: un préstamo AgroInnpulso del Plan de Recuperación

El préstamo de 155.000 euros que recibió Remolonas en junio de 2024 tiene nombre y apellido: Enisa AgroInnpulso, un instrumento dotado con fondos europeos del Plan de Recuperación y orientado a financiar la transformación digital de pymes agroalimentarias y del medio rural mediante préstamos participativos (una fórmula a medio camino entre la deuda y el capital que no exige garantías personales).

"Hicimos una ronda de inversión prefacturación con un modelo muy rodado y la apalancamos en Enisa. Si no llega a ser por ella, nada de lo que hoy somos habría sido posible", resume Carlos Pérez. "Contar con una Administración pública que entendiera nuestro proyecto desde el principio y que apostara por un modelo de impacto como el nuestro ha sido determinante".

Solo en 2025, AgroInnpulso concedió 58 préstamos por un importe global de 9,3 millones de euros a empresas del sector agroalimentario. Las condiciones y los requisitos para solicitarla pueden consultarse en la web de Enisa.

"Perfectamente imperfectos": el impacto social más allá de la caja

El eslogan de Remolonas: "somos perfectamente imperfectos”, no se queda en los tomates con forma rara. La empresa tiene una política explícita de contratación de personas con discapacidad, que se ocupan de buena parte de la operación logística: el montaje de las cajas, la clasificación de productos y la preparación de pedidos. "Al final le estamos dando valor tanto a esos alimentos que parecen feos como a personas que todavía se rechazan", explica Fernández.

El impacto económico para su clientela también está documentado. Remolonas asegura un ahorro de hasta el 40% frente al precio de supermercado para los mismos productos. En tiempos de presión sobre el poder adquisitivo, no es un añadido menor: convierte lo que podría ser una compra "comprometida" en simplemente más barata.

La otra cara del modelo es la relación con la cadena productora. Frente a la lógica de la gran distribución, donde el margen se aprieta en origen, Remolonas dice pagar "un precio justo" al agricultor o agricultora por productos que, de no existir un canal como este, acabarían abonando un campo o en el contenedor. Es, a escala de startup, un ejemplo concreto de economía circular aplicada al sector agroalimentario.

Un proyecto que mira a multiplicarse por diez

La hoja de ruta a corto plazo es clara. La compañía tiene abierta una nueva ronda de inversión con el objetivo de multiplicar por diez su volumen de negocio en un año y seguir aumentando su catálogo de productos rescatados.

Hay, finalmente, una lectura que interesa más allá del caso concreto. Remolonas encaja en la idea, no siempre obvia en la conversación pública, de que los fondos europeos del PRTR no solo financian grandes infraestructuras o macroproyectos industriales. También llegan, en dosis más modestas pero decisivas, a empresas pequeñas que, con 155.000 euros y mucha cabeza, pueden convertir un problema estructural en un negocio viable. Y, de paso, dejar de tirar comida. No es poco.